The Fucking Dead




Prólogo.

Al fin caí.  Me hacía la despistada, miraba para un lado, miraba para el otro.  Sabía que existía y juro que intenté resistirme, pero he aquí que me encontré un mediodía con el plato en la mesa y ninguna serie disponible para ver.  Vaya ¿y ahora qué?  ¿Espero una semana o un mes a que salgan capítulos nuevos de mis series favoritas o me busco serie nueva?  Y ahí estaba ella, The Walking Dead, tan a mano, con tantos enlaces...  Y caí.

A una cosa le llegó la otra.  Experimentos de la libido, deseo contenido para alcanzar un clímax memorable, y en eso que la imaginación se me vuelve un poco loca y aparece esto que tenéis ante los ojos.  Bizarro pero no gore, aún así leed con cautela, no me hago responsable de las excentricidades de mi lado oscuro.

ReinaCnl

….................

“Pgggg... Aquí campamento base buscando supervivientes  ¿Alguien puede oírme? …. pgggg... ¿Hay alguien ahí?... pgggg... ¿Hay alguien que no esté muerto en esta jodida ciudad?... pgggg... Si hay alguien, que conteste, no soporto seguir contándole chistes verdes a mi pene... pgggg... ¿Nadie con ganas de conversación?... pgggg... Otro día será, corto... pgggg...”

Hace una semana que estoy encerrado en la comisaría en calidad de prisionero voluntario.  Las calles de Louisville se han vuelto demasiado peligrosas con todos esos muertos deambulando en busca de carne.  Mi culo no lo tendrán, eso seguro, guardo una bala en el cargador de la Beretta por si llega el momento. Un tiro al cerebro y listos, no pienso convertirme en uno de ellos. ¡Malditos muertos!

¿Qué es peor, el hambre o la soledad?  La soledad.  No me importaría compartir las latas de judias que me quedan y sus consecuentes flatulencias.  A malas, si la compañía es un muermo o un gilipollas, siempre puedo comérmelo.  Preferiría una chica, así además podríamos darnos calor por la noche.  Se oculta el sol y comienza a refrescar.  Una pena que perdiera a Lily.  Cuando me canso de los chistes verdes, hablo con ella como si todavía estuviera viva.
- Lily ¿los oyes?  Cierra la cortina, que no vean la luz.  Lo sé, nena, cada vez hay más pero aquí estamos seguros.  Teníamos que haber venido antes, fue una imprudencia quedarnos tanto tiempo en la casa creyendo que no podrían tirar abajo la puerta.   ¿Me pasas el ketchup?  No pongas esa cara, cielo, ya sabes que odio las judias, con algo tendré que alegrarlas.

Pronto se me acabarán las pilas y la linterna ya no servirá para nada.  Podría encender un fuego con los muebles pero les atrae el calor.  El calor que no tienen.  ¿Qué clase de virus les mata para volverlos a resucitar en ese estado?  Míralos, siempre hambrientos, buscando cualquier cosa que meterse al cuerpo o donde meterse... mete, saca, mete, saca... ¡Jodidos zombies! ¡Van empalmados todo el día!

...

De nada sirve lamentarse.  Paso la noche acurrucado en el suelo abrigándome con una manta y todos los uniformes que he encontrado en la taquilla.  Duermo poco, a la hora suelo poner mis sentidos en alerta y, si está todo tranquilo (los gruñidos habituales de los merodeadores), vuelvo a caer en un profundo sueño de otra hora.  Así toda la noche hasta que por fin amanece y descorro parcialmente una cortina.

Siguen ahí, en la calle, enganchados a cualquier cosa con vida, anteayer vi uno con una rata.  Es asqueroso.  Cuando no queda nada que tirarse, se juntan entre ellos pero de forma muy breve, la carne fría les resulta desagradable.  Opino lo mismo, a las muertas les falta un no-sé-qué... algo de picardía al caminar, un contoneo de cadera... y bastante maquillaje.  Esa de ahí no está tan mal, parece reciente.  Si me pongo doble condón y la pillo por detrás, a lo mejor no me contagia.  Sería sólo un momento, acariciar sus pechos helados, meterla, descargar y corriendo para casa...

Lo malo de estos pensamientos es que van en serio.  Llevo tanto tiempo solo que no razono con claridad.  Debería disparar ya esa bala contra mi cerebro o encontrar el valor para huir de la ciudad y buscar gente, sobretodo alguna chica de mejillas sonrosadas y muslos tibios.  Oh, Lily, tus muslos eran lo mejor, tan abundantes que no resultaba difícil perderse entre ellos y extraviar el camino.  Eras capaz de dar placer con cualquier pliegue de tu cuerpo... recuerdo aquella vez con la axila.  Y siempre caliente, siempre.  Ahora estarás fría, caminarás arrastrando los pies buscando alguien que calme tu apetito insaciable.  Tal vez me busques para vengarte...  ¡No fue mi culpa!  ¿Soy malo por haberte abandonado a tu suerte?  Cualquiera hubiera hecho lo mismo, es el instinto de supervivencia que es fuerte aunque, entre tanto porno  en vivo y en directo, últimamente es el instinto sexual el que me domina.  Esto no es una ventana... ¡Es el PornoTV 24 horas!

...

Estuvimos dos semanas en la casa de la vieja.  Ya de críos nos reíamos de ella porque iba anunciando el fin del mundo y guardaba comida para la hecatombe. Cuando comenzó la epidemia, no lo pensamos dos veces, corrimos hacia la casa y escalamos hasta la ventana abierta del primer piso.  Pobre vieja loca, la había palmado de un ataque cardíaco, con lo que le hubiera gustado restregarnos las latas en las narices.

La puerta era sólida y la cama ancha, buen sitio para vivir una temporada.  Preparamos las ventanas y las cubrimos con gruesas mantas, todo iba a salir perfecto pero no conté con la fogosidad de Lily.  Cualquier otra chica se hubiera pasado los días llorando y deprimida por la situación pero ella tenía otra manera de liberar tensión.  Cuando sentía la necesidad, simplemente me agarraba de la camiseta y me empujaba contra la cama, el sofá, la encimera de la cocina, sobre cualquier mueble, en el suelo mismo...  No se ponía bragas para evitar tener que lavarlas, sólo tenía que levantarse la falda, sentarse encima mío y a trotar.  Lily, no te enfades si ahora soy yo el que me tomo el desahogo recordando el frote de tu peludito.  No olía precisamente a rosas pero cómo ardía el cabrón.  No me daba tiempo ni a calzarme el condón pero a ella no le importaba.  “Yo controlo” - me decía.  No sé qué sistema estaría utilizando pero la muy guarra se lo tragaba todo.  Por delante, por detrás, por la boca...

¡Lily!  ¡¿Por qué tuviste que morir?!  ¿Por qué me dejaste solo con el único consuelo de mi mano? ¡Lily!

Creo que la quería.  Era la novia de Jack pero quien se muere pierde a la chica.  Tampoco duramos mucho, dos semanas, pero fue intenso... en la cama, el sofá, la encimera de la cocina...  Eso ya lo he contado, lo sé, trataba de evitar llegar a aquella noche.  Lily se había lavado para la ocasión, con Coca-Cola pero es igual, era su cumpleaños y quería celebrarlo de la única manera que sabía.  Se postró desnuda en la cama, abrió las piernas y me incitó a entrar.  No necesitaba muchos preámbulos, era yo el que pedía alguna caricia, algún beso con lengua, pero en esa ocasión no hizo falta, al ver el jugoso agujero chorreando de deseo me lancé en picado.

Toma y toma y dale y toma pero no se cansaba, suerte que me había entrenado bien, estaba dispuesto a seguirle dando toda la noche aunque me la dejara en carne viva.  No me di cuenta, tan felices vivíamos en nuestro escondite, que estaba gritando como loca.  “Oh, Dick, me estoy viniendo, más fuerte, más...” - “Qué zorra eres, nena... ¿Quieres más?... Pues toma ésta y esta otra...”.  Y entonces, a pesar de la fiebre y que sentía que la leche iba a salir disparada de un momento a otro, escuché los fuertes golpes en la puerta y las ventanas enrejadas.  

    - ¡No pares! ¡Ahora no pares! - me agarraba del pelo y trataba de sujetarme con las uñas.
    - ¡Lily, los follizombis están aquí!

...


Follizombis... era como los llamábamos.  Había que quitar drama al asunto y tratábamos de reírnos de la situación.  Durante el día, desde la ventana del piso de arriba los íbamos señalando con la esperanza de ver alguna escena grotesca, tipo caderas dislocadas o que a alguno se le quedara la polla en la mano.  Es lo que tiene estar pudriéndose.

Aquella noche no me resultaron divertidos.  Rebusqué en la cómoda de la vieja, me había parecido ver una pistola el primer día que nos instalamos.  La encontré, una preciosa Beretta 92FS pero con el cargador vacío, tan sólo conservaba una bala en la recámara.  Lily la reclamó para ella, la bala.  Los escuchamos tirar la puerta abajo, revolver en el salón y la cocina y subir las escaleras.  Lily, por primera vez realmente asustada, no dejaba de repetirme que la matara antes de que consiguieran entrar en el cuarto.  “No dejes que me lo hagan, si me quieres, dispárame entre los ojos.  Dispara, Dick, dispara... No dejes que me lo hagan, Dick...”  Con el cañón apoyado en su frente, con sus ojos mirándome fijamente, suplicando, los caminantes salidos vencieron sin dificultad nuestra modesta fortaleza y se precipitaron hacia nosotros.  Que Dios me perdone.  Lily se puso a chillar y atrajo primero su atención.  De un salto escapé de su alcance y corrí hacia el armario, esos de abuela que tienen llave, y me encerré dentro.  “¡Dick, bastardo, sal del armario!”.  Shhh, calla, nena, no me delates.  Tal vez contigo se queden contentos y me dejen tranquilo.  Juro que hubiera querido salvarla pero era ella o yo y en agujeros y ductilidad me ganaba por varias carreras de diferencia.  

Seguía gritando y, cuánto más gritaba, más se alteraban.  ¿Cuántos serían?  No sé, espiaba temblando por la mirilla y sólo podía ver a cinco o seis que la llevaban en volandas mientras ella se resistía inútilmente.  Pobre Lily, era una presa en su jugo, su olor les hubiera atraído por toda la ciudad y en aquella pequeña habitación era simplemente un manjar destinado a ser consumido con voracidad.  Impacientes, las hembras se adelantaron con los dedos tratando de llegar al fondo de aquella fuente que no dejaba de brotar.  “¡Iah!  ¡Tienes los dedos helados! ¡Ayúdame Dick! ¡No, más no!”.  Imposible contar cuantas manos la buscaban por dentro, por fuera, en todas partes, cuántas bocas de fétido aliento y lenguas gélidas la violaban sin cesar, en cada rincón de su rosada piel.  

Ya no podía verla, su cuerpo se hallaba cubierto de cadáveres ansiosos por acoplarse.  Imaginaba, por sus desgarradores gritos, lo terrible de la experiencia.  “¡Dick! Oh... ¡Dick!..  Oh, no, no, no, no, eso no... ¡Joder, caliéntatela un poco con la mano, maldito muerto! ¡Dick, te juro que volveré a por ti! ¡Diiiiiick! ¡Dios!... Ah... ah... ah... ¡Oh, Dios mío!...  ¿Otro más? ¡Quita, que no cabéis los dos en el mismo!  Buf, pues sí...”.  Cuánta tortura... para mis oídos.  Pobrecita Lily pero podía haberse muerto más rápido o más en silencio, sin embargo, aguantó toda la noche como jabata que era.

Al amanecer, su cuerpo se había enfriado de tal manera que ya no les resultaba agradable y la dejaron extendida en el suelo, condenada a resucitar en unas pocas horas.  Fueron saliendo de la casa, me aseguré hasta que estuvieron todos fuera y abrí la puerta del armario.  Todavía podía hacer algo por mi novia mártir, regalarle el tiro que me pidió en vida pero... Pero decidí guardármelo para mí, no quería de ninguna de las maneras correr su misma suerte.

...

La última lata de judías.  Este día tenía que llegar tarde o temprano, me toca ir al super.  Preparo la lista de la compra para hacer tiempo: latas de judías, ketchup, todo el alcohol que encuentre, azúcar, ojalá hayan dejado algo...  Dios, pagaría 100 dólares por una lechuga. La compra puede esperar hasta mañana.  ¿Verdad, Lily?  Todavía no aprieta el hambre.

Dos días más tarde tomo la decisión.  No tengo muchas opciones: salgo a la calle o me pego un tiro o muero de hambre y sed.  La única que me ofrece alguna posibilidad de seguir respirando es la primera.  He pasado la noche durmiendo desnudo sobre el suelo para bajar la temperatura y engañar a los caminantes.  Allá vamos.

Primer tramo de calle, despejado.  Carrera hasta la siguiente manzana.  Semioculto en un portal, compruebo la vía libre y me aseguro que no me sigan.  Cinco carreras más tarde consigo llegar por fin al amplio supermercado pero la imagen es desoladora.  Ha sido saqueado en varias ocasiones y apenas quedan unas cuantas latas de legumbres que por fortuna fueron a rodar bajo las estanterías.  Los congelados estropeados y la fruta y verdura podridas, por no hablar de la peste del pescado y la carne.  Ni una triste bolsa de chips, ni siquiera nachos, mucho menos guacamole.  La sección de bebidas también está de pena, ni agua ni refrescos. Ésta era la última excusa que me quedaba para continuar atrapado en la ciudad, debo emprender el viaje, emigrar hacia algún lugar con gente, si es que todavía existe de eso, e ir asaltando las casas en mi camino con la esperanza de encontrar suministros.

¿Qué ha sido eso? El fregar de un cuerpo contra la pared y pies arrastrándose.  Inconfundible, un muerto andante.  Trato de ocultarme pero al rato decido correr y atravesar la entrada, no me arriesgo a quedarme atrapado.  Soy bastante más rápido que ellos, no tengo nada que temer pero, confiado, olvido por un momento que nunca van solos.  En la calle los veo, comienzan a salir de las esquinas, como si estuvieran esperándome y se van acercando en un corro que se va a apretando más y más.  Vale, que no cunda el pánico, ha llegado el momento de despedirse.  Preparo la Beretta. No dejaré que me atrapen vivo, en eso no hay discusión... pero me tiembla el pulso y sudan las manos, con la tontería se me resbala la empuñadura.  ¡Mierda! Y la pistola se desliza entre ellos.  ¡Mierda, mierda!

¿Y ahora qué?  ¿Cómo consigo matarme limpiamente?  ¿Y si subo a una farola y me tiro desde lo alto? No, además de jodido estaría cojo.  ¿Cortarme con una lata oxidada?  El tétanos es lento.  ¿Asfixiarme con las manos? Sólo me dejaría desmayado.  ¿Lejía?  No llegaría a tiempo a la sección de droguería.  ¡Ni siquiera hay autobuses para ponerse delante! ¡Lily, ayúdame, envíame un rayo!

    - Arggghhh... grooo... eeeehh...
    - ¿Lily?



Bastante más pálida de lo que la recordaba, con un trocito de mejilla colgando por efecto de la descomposición y los labios en carne viva... carne muerta, Lily pone sus manos alrededor de mi cuello.  ¡Cuánto te quiero, Lily!  Aún en tu estado infrahumano estás siempre dispuesta a cumplir mis deseos.  Sí, así, nena, quítame la vida y luego jugad con mi cuerpo a vuestro antojo.

Pero no.  Lily agarra mi cuello y me zarandea hasta tirarme al suelo.  Acto seguido  me arranca los tejanos a riesgo de romperse una uña - efectivamente siguen creciendo después de muerto, qué largas las lleva - o el dedo entero.  Un par de zombies hembras la ayudan... o más bien habría que decir que intentan arrebatarle la presa.  Ahora me fijo, todos los caminantes que me rodean son hembras.  No debe haber mucho disfrute para ellas o no aguantan los hombres suficiente para todas, porque acuden hambrientas en masa al mínimo olor de macho humano a metros de distancia, kilómetros.  La desesperación agudiza el olfato.  Debería haberme quedado en mi escondite.  Tal vez la agonía se hubiera alargado una o dos semanas pero no hubiera tenido que pasar por esto.  Un único pensamiento me mantiene esperanzado: mientras les sea útil, ellas no dejarán que ningún macho se haga conmigo.  Sólo debo aguantar lo suficiente hasta que la muerte me llegue por su brutalidad o por agotamiento.

Lily es la primera en alcanzar el órgano de su deseo pero... oh... no está muy servible que digamos.  Venga, Dick, te va la hombría en esto, piensa, piensa, piensa en las tías buenas del Playboy toqueteándose entre ellas.  Ya podrían colaborar un poco estas señoritas muertas.  La imaginación funciona mal cuando el pánico se ha apoderado del cerebro.  Tres, cuatro de ellas aprovechan el suspense creado para abalanzarse sobre mí y rasgarme la camiseta.  Esparcen sus babas fétidas sobre mi pecho.  ¡Maldita, guarda los dientes, ahí no se muerde!  Oh... oh... ¡Ahí tampoco!  ¡Joder, un poco de paciencia, chicas, ya voy!  Arriba... ya casi, ya.  ¡Un momento!  Cinco, seis se lanzan como hienas con sus bocas desencajadas y se hacen con el pequeño Dick, turnándoselo desordenadamente, cazándolo al vuelo cuando es fugazmente liberado.  ¡Creck!  ¿Eso ha sido la traquea de alguna?

Lily no ha adquirido  mayor paciencia en la otra vida.  Me arrastra por las piernas y aparta a las otras.  Un condón, necesito un condón.  Puede que muera pero, si consigo evitar contagiarme del virus, no volveré convertido en un monstruo.  En el bolsillo del tejano, intento alcanzarlo, pero Lily me lleva sujeto por las piernas, raspando la piel de mi trasero contra el asfalto.  ¡Lo encontré!  Deja que me lo ponga, cielo, si alguna vez me has querido, por favor...  Eh, no me mires con esos ojitos vacíos.   Ya sé que no te gusta pero...

¡Ahhhhhhh!



¡Una rata enganchada a mi pierna!  Y no me refiero a Lily sino a una rata de alcantarilla grande y apestosa follándoseme la pierna como si fuera una perra en celo.  El pelo apelmazado y la señal de estrangulamiento alrededor de su cuerpo no deja dudas de que está cadáver y sufre el mismo virus que ha acabado con mi especie.  Tal vez fue el acto sucio de un hombre con una gallina transgénica enferma lo que nos ha llevado a la destrucción.  La mutación de un virus aparentemente inofensivo o algo que ver con la ira de Dios. Leí algo parecido en un cómic, si pudiera acordarme...  

Vaya momento para reflexiones trascendentales mientras el asqueroso animal restriega sus mugrientos genitales contra mi piel.  Voy a vomitar.  Lily la agarra - el bicho sigue moviendo la pelvis con desesperación -, la huele y le mete un dedo... ¡Brup!  ¡Qué asco!  No le satisface la experiencia y la tira lejos.  Y luego me mete ese mismo dedo a mí... ¡Bluaaaargh!  Echo la bilis y tal vez alguna judia de la última cena.  Voy a desmayarme...

Despierta, Dick, te va la vida en ello.  No, será mejor continuar inconsciente mientras dure el mal trago.  Maldita sea, si estoy pensando esto es que no estoy tan dormido como me gustaría.  Abro los ojos y me encuentro a Lily cabalgándome.  Aún muerta sabe como elevarme la moral y la inmoral.  Vale, voy a morir; de acuerdo, resucitaré con el ansia enfermiza; sólo me queda el consuelo de ser pasto exclusivo de las hembras y eso depende de mi voluntad y mi aguante.  Lo haré.  No pasaré a la otra vida enculado como Jack.  No pudo alcanzarnos cuando trepábamos a la ventana de la vieja y allí mismo entre una docena lo dejaron tieso.  Seguro que está tras esa pared de hembras esperando la oportunidad pero ellas no le dejarán pasar, no mientras les sea útil.  No me tendrás, Jack, ni tú ni nigún otro.

Oh, Lily, qué fría estás pero que bien te mueves.  Más despacio o no quedará nada para tus amigas.  Ellas, por impaciente naturaleza zombie, vuelven a abalanzarse sobre mí para toquetearme lo que pueden.  Siento sus manos heladas por las piernas, ingles y testículos... sí, por el profano agujero también pero no puedo negarme a su capricho.  Se empujan para conseguir sentarse encima mío.  Lily pierde por un momento y una rubia de frente arrancada se hace con el timón.  ¡Uf!  ¿Son imaginaciones mías o está más tibia que el resto?  Anoche debía estar viva, ojalá la hubiera encontrado yo antes que ellos.  Se mueve diferente, como más profundo, más despacio... ¡Hala, al suelo!  Y ya tengo otra encima.  Una pelirroja que en vida seguro ganó algún concurso de belleza.  Los Ángeles de Charlie, jajaja.  Estoy perdiendo la cabeza, qué idioteces a pensar en mi crítica situación.  ¡Bruta!  La pelirroja va saltando sobre mi pequeño tesoro.  Lo partirá y echará al traste mi plan de llegar inmaculado al Infierno.  No, Lily la golpea y vuelve al ataque.  ¿Dónde está la rubia?  Es igual, con Lily tengo más confianza.



A la hora ya no siento las piernas y he perdido sensibilidad por debajo de la cintura.   Miro de reojo para comprobar que sigo en pie y funcionando.  No sé, sólo veo coños fiambres que me engullen una y otra vez.  Leí en Internet que en situaciones críticas las personas eran capaces de levantar un gran peso, no creo que se refirieran a mi situación pero me siento igual.  Levantarla hasta el final... y ya lo creo que pesa, como una losa, tan pequeña y lozana que parecía y ahora me cuesta horrores mantenerla arriba.  Estoy perdido, desfalleceré antes por desmotivación y agotamiento que por orgasmo.  Caeré pronto, muy pronto.

Oh, vuelvo a sentir.  Es la rubia, que todavía debe conservar vivas algunas de sus terminaciones nerviosas y me envía pequeñas descargas de amor.  Es que es tan... profunda... Y se mueve tan... dulce...  Y me susurra gruñiditos al oído repletos de cariño (y babas).  Está mal decirlo pero me resucita e imagino por un momento que sonríe y me pide mimosa que le haga el amor.  Se llamará Shannon, todas las Shannon son rubias en mis fantasías.  No quiero que se me escape o la aparten de un manotazo y le agarro las caderas con la desesperación de un condenado al que se le ha concedido un deseo.

    - Shannon... dime algo bonito...
    - Arggghhh... grooo... eeeehh...
    - Sí, yo también...  Ahora dime algo bonito guarro...
    - Arggghhh... grooo... eeeehh...
    - Tú sí que sabes como ponerme...

Milagrosamente me quito las muertas de encima y me levanto cargando a Shannon, como está algo deshidratada parece ligera, para darle la vuelta y calzarla como se merece: a cuatro patas.  Ella me había pedido el misionero pero no estoy para misiones imposibles.  El resto de chicas, como era de esperar, enfurece ante mi predilección y me tiran de los brazos, las piernas, el pelo... ¡Los huevos no!  Se me suben encima como vampiresas buscando mi cuello.  Luego estoy por vosotras, todavía me quedarán manos, pies, boca, nariz...  lo que queráis, pero dejad que me vierta en caliente, en templado, porqué será la última corrida de mi vida.  En mi muerte habrá otras tantas pero, viendo el panorama, difícilmente será dentro de una hembra humana.

Cuánto estrés, me esfuerzo por no perder la concentración.  Shannon responde bien a mis sacudidas.

    - Arggghhh... GROOO... eeeehh... EEEEHHH...

Tiene una vocecita tan suave y se le mueven los pechitos al compás.  Fuera este vestido ensangrentado que no me deja contemplarla como se merece.  Menudo bombón a pesar de la fea herida de la cabeza y la palidez insana, sería la envidia de los compañeros del taller.  Así, perfecta, la dirijo a mi antojo una mano en cada moflete y le echo una mirada tentadora al chiquito.  No le importará y yo agradecería algo más de presión.  Estiro su piel melocotón pocho... Vaya, esto está muy cerrado, tal vez Shannon sólo probó por aquí al pasar a mejor vida.  Voy a intentarlo, venga que voy...  Pero me retiro al momento a causa de un desagradable tufillo.  Parece ser verdad eso que dicen de la distensión del esfinter, mejor lo dejo para cuando el virus me vuelva zombi y haya perdido los escrúpulos.

Ya tengo la carrera casi completa.  Excitado, atontado, al límite, no me molestan los arañazos de las otras, ni los mordiscos.  Seguid, malditas, mi cuerpo y  mente sólo están por Shannon.  Será por la acción del frote pero está que arde y me prende.  Va a ser bueno, va a ser largo, va a ser la... ostiaaaaa...

Oh, Dios, ya puedo irme al otro barrio con la satisfacción del trabajo bien hecho.  Qué mujer.  Mira, si todavía aprieta, aún me la levantará de nuevo.  Imposible, estoy agotado.  Pero aprieta mucho, no... no puedo salir...  Esto no será... Ay que sí sera... ¡El rigor mortis!

Estoy atrapado, en la peor posición que podría estar para estas carroñeras hambrientas de lo que sea.  No me hagáis daño, sed delicadas... ¡Lily, jamás debí abandonarte!  Me arrepiento y lloro como un niño.  Creo que las he impresionado, se apartan... o se han cansado de mí.  ¡No, volved chicas!  Mejor vuestros dedos entumecidos que sus falos cadavéricos.  Pero no debo temer, los machos también se retiran.  Moriré incómodo pero tranquilo.

¡Cataclop-cataclop!

¿Qué es ese ruido?

¡Hiiiinnnnnn, hiiiiiiiiiiiiiiiiiii!

Eso es... eso es...  ¡Nooooooooooooooooooooo!


Fin.

By ReinaCanalla

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