martes, 10 de mayo de 2011

Superando mi pollafobia


En días como hoy, siento que mis esfuerzos por evitar caer en una pollafobia extrema, técnicamente llamada misandría, son recompensados.

Sería bastante sencillo encerrarme en la idea de que los hombres son mala cosa, non-gratos, y autoconvencerme con los miles de ejemplos que nos proveen los medios de comunicación, las películas, series, novelas y hasta las inofensivas charlas con amigas. Cuando una quiere ver lo malo, lo verá seguro. Por desgracia, cuando se trata del sexo débil (el masculino, por supuesto), a veces hay que escarbar muy profundo para comenzar a ver lo bueno.

Jujuju, tengo que tener cuidado con estas afirmaciones. Mi psicóloga, que soy yo, me tiene prohibido cualquier pensamiento negativo al respecto de mi fobia. Por prohibido, me he prohibido hasta las comedias de guerra entre sexos o esas tan divertidas tipo Porky's en que los tíos aparecen siempre como unos salidos de órbita y las tías como Barbies con falta de conexión neuronal. Una mujer sana sabe encontrarles la ironía, reconoce la exageración y no le da mayor importancia. Una mujer en mi estado es capaz de tomárselo como palabra bíblica. Estoy enferma, lo sé, qué son las fobias sino una enfermedad del intelecto. En cualquier caso, aunque me esfuerzo por no empeorar y llegar a unos niveles de aceptación masculina justos, no aspiro, y reconozco que tampoco quiero, curarme del todo. No tengo remedio, en el fondo creo que si la vida me ha lanzado a este extremo, me ha despertado este instinto amazona, ha sido por supervivencia. Volver a la ingenuidad de los 16, cuando tenía excesivamente idealizados a los "pollos", por desconocimiento total de la materia, sólo supondría el suicidio.

Ah, me cuesta. Cuando comienzo a escribir sobre el tema, me releo y yo misma me doy cuenta de lo mal que estoy. ¿Cómo he llegado hasta ese punto? Supongo que he tenido mala suerte, mala puntería. Tal vez la culpa no sea toda de ellos, tal vez tenga un chip defectuoso que me hace comportarme de forma idiota cuando estoy enamorada de un hombre y, de alguna manera, eso despierte en ellos un comportamiento igualmente idiota. Tal vez, simplemente, que cuando una ha nacido con el don de poder amar a otra mujer y evoluciona hasta poder desarrollar totalmente esa característica, ya no consigue ver dónde estaba la gracia de pillarse por un tío.

Volviendo al presente, hoy, por fin, esta lucha interna por querer ser mejor persona a pesar de los ganchos del destino, ha dado sus frutos. No será por el abuelo que, en la consulta médica, se ha colado delante de todos para pillar número y encima refunfuñaba cuando iban llamando a las embarazadas en primer lugar porque sus pruebas tienen preferencia. No será por él, desde luego, viejo egocéntrico, misántropo, misógino y con la empatía en el trasero, sino por todos aquellos, tres en concreto, que han acompañado a sus parejas (las embarazadas) y aún insistían en entrar en la habitación de extracciones. He visto algo muy hermoso en su gesto. Todos ellos sentían la necesidad de apoyar a su compañera, se sentían así mismo cómplices de este cambio que afectará a sus vidas y querían formar parte desde el primer momento. ¿Qué hombres son estos? Seguramente de aquí a unos meses serán los mismos que verás con el cochecito del peque arriba y abajo en el parque, de camino a la guardería, limpiando mocos y lavando manos.

Me he emocionado y todo... En algo estaremos de acuerdo, amigas, y es que... joder, qué bien les sienta la maternidad a (algunos) tíos.

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