miércoles, 18 de abril de 2012

El Hipnotizador de La Ribera (1)


Los malos sueños comenzaron aquel sábado 15 de septiembre de 1888. La Exposición Universal llevaba cosechando cinco meses de éxito cuando decidimos visitarla en familia: Papá, mamá, Benet, su prometida Jacinta y los padres de ésta. Pasaríamos todo el día en el recinto invitados por La Maquinista Terrestre y Marítima, de la que papá era socio y que ocupaba una nave en el Palacio de la Industria.

La víspera estuvo cargada de nervios. Entre mamá y yo volvimos loca a Felisa, que iba de un lado para otro arreglando los bajos de las faldas y planchando los encajes. Yo misma tuve que retocarme las flores del sombrero ante la falta de tiempo. No recordaba tanta excitación desde mi puesta de largo hacía siete años. El motivo es que por fin iba a conocer al hijo de los Ferrer, un joven estudioso, emprendedor y de buenas maneras, según papá, que pronto entraría a trabajar en la dirección de la empresa junto con mi hermano. Sangre nueva, decía papá, y la Exposición Universal era el marco ideal para valorar la templanza de los jóvenes empresarios. Por ese motivo, Benet estaba si cabe más nervioso aquella noche que las mujeres.

La mañana transcurrió tal y como la esperábamos: soleada. Lo que fue una suerte porque me hubiera disgustado embarrarme la cola en el inaugurado parque de la Ciutadella y no haber lucido bonita a la hora de comer. Quería estar espléndida para el joven Ferrer, confiaba en que éste sí me gustaría y podría por fin dejar de ser la solterita de oro, que es como me llamaban mis malévolas amigas del colegio, todas ya casadas y acunando retoños. Benet no era más gentil que ellas, al contrario: “Se te pasará el arroz, hermanita. ¿Esa arruga de la frente es nueva? Jacinta tiene la piel lisa como la de una muñeca”. Jacinta acababa de cumplir diecisiete y no la envidiaba. Yo también tuve algún pretendiente a su edad pero no quise conformarme con el primero, ni con el segundo, ni con el tercero... En casa estaban preocupados. Mamá criticaba que papá me tenía consentida y él sólo afirmaba dándole la razón, evitando el conflicto, pero sin comprometerse a tomar cartas en el asunto. Yo no quería ser una carga, había acabado el bachillerato y el superior de magisterio con buenas notas, podía trabajar de profesora en una escuela para señoritas si el ansiado marido no aparecía, pero me guardé de contarle a mamá mis planes alternativos porque le daban ataques de histeria. Según ella, las mujeres que vivían por su cuenta sin la tutela de un esposo, eran unas rameras.

Los nubarrones llegaron al mediodía. Joan Ferrer no era ni mucho menos lo prometido. Apuesto sí, pero gritaba demasiado al hablar y reía de forma gutural los chistes malos y picantones de los antiguos socios mientras me guiñaba un ojo. ¡Terrible! No estaba dispuesta a pasar el resto de mis inviernos sentada junto a él enfrente de la chimenea, haciendo oídos sordos a su soberbia y sin posibilidad de una conversación interesante. Mamá se apresuró a preguntarme cuando nos dirigimos al tocador:

- Qué buen partido, hija, con él no te faltará nunca de nada, serás la envidia de las vecinas y de la Liga de las Damas.
- ¡Es insoportable!

Tras mi explosión de sinceridad, mamá no volvió a dirigirme la palabra en todo el día.

...

8 comentarios:

  1. ¿¡¿Cómo?!? ¿¿Que guiñar un ojo no es una buena técnica para atraer a las damas?? ¡Supongo que es un problema personal de la protagonista! ¡En todos los manuales que he leído dicen que funciona!

    En fin, como profesora de de una escuela de señoritas se lo va a pasar mejor. Y los lectores probablemente también.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Jajaja, me parece que en aquellos tiempos se consideraba un poco descarado. Tal vez le hubiera gustado más si no se hubiera mostrado tan sincero pero seguramente es porque la protagonista, como dices, es bastante exigente con los hombres.

      El relato no va sobre profesoras perversas en un colegio de señoritas pero lo tendré en cuenta para una segunda parte si me encariño con la "solterita de oro" ^^

      Eliminar
  2. Si hago caso al título, no te preocupes que lo de la hipnosis también me mola. Otro fetiche mío. También hay videos por internet :-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Hala! Tienes razón, acabo de echar un vistazo por Internet. ¿Queda algo por inventar? Jujuju. En mi defensa diré que no tenía ni idea que fuera un fetiche reconocido. Siempre me sorprendo al comprobar que esas fantasías que germinan en mi cabeza de forma natural, resulta que tienen un nombre técnico, páginas web, seguidores y hasta un espacio en la Wikipedia. Igualmente, no buscaré inspiración exterior, así que es posible que el relato no se ajuste a lo habitual en hipnofetichismo ^^

      Eliminar
  3. Antes de leer este tenía que leer las Virgenes de Nuria y Alba y Toni ¿verdad?
    Leo muy lento apenas voy por la parte 9 de las Virgenes de Nuria, y de momento voy a dejarlo ahí mas luego sigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No, no, las Virgencitas no tienen que ver con éste del Hipnotizador, puedes leer tranquila que no hay spoilers de nada ^^ De hecho son de épocas diferentes,45 años de diferencia, ni más ni menos.

      Eliminar
    2. Cosas que pasan por no poner la debida atención, ahora lo leo.

      Uy, que señorita tan exigente así no va a encontrar marido.

      Eliminar
    3. La exigencia no era una cualidad muy valorada en las mujeres de aquella época ^^

      Eliminar