miércoles, 2 de mayo de 2012

El Hipnotizador de La Ribera (6)


     
photo  by Enchanted Doll
   
    - Yo también quiero.
    - ¡Y yo! - las otras dos reclamaron su parte del pastel y el caballero dio su consentimiento.
    - Me pido la boca - dijo la chica.
    - Más ricos estarán sus pezones, seguro que no han conocido boca ni de hombre ni de niño - sentenció la morena.

¡Parad! ¡Dejadme en paz!  Pero sólo podía mirarlas en silencio con mis ojos de muñeca mientras sus lenguas humedas me bañaban y se introducían dentro de mí.  Al poco rato, esas lenguas baratas de callejón me parecieron lenguas de fuego que me azotaban y reclamaban un tributo.  Algo desconocido que guardaba sin saber de su existencia, un tesoro infinito, un genio dormido, que avanzaba despacio pero firme.  No podría escapar a su revelación, cuando el caballero lo frenó:

    - Hagamos lo que te hagamos, no sentirás.

Era imposible, aunque mi mente se hallara dormida, mi cuerpo seguía igual de vivo.  No podía rebatir su orden puesto que no había pedido mi opinión y confiaba se diera cuenta de mi sufrimiento.  No lo hizo pero, aún así, lo que fuera que hubiera de llegar, no llegó, se quedó obediente aletargado en mi vientre mientras las llamas me devoraban.

    - Aparta, ahora me toca a mí - el caballero empujó a la pelirroja.
    - No, señor, no puede hacerlo, está intacta, sería imprudente romperla.

¡Qué horror!  Lo que llevaba evadiendo durante años me sería dado a conocer a la fuerza en sueños.  El caballero se mostró contrariado.  Agarró mi intimidad con su mano grande y tosca, la apretó inquieto, quería tenerme y no sabía cómo, hasta que dejó resbalar uno de sus dedos con la humedad que fluía.  La pelirroja le iba guiando con evidente desconfianza, le alentaba a ir despacio pero no se atrevió a contradecirle.  Ese dedo maldito me llenó por completo, tan estrecha como era, lo sentí serpentear dentro, husmear curioso, añadir más llama a la llama.  Pero el hombre necesitaba un desahogo mayor, apartó el dedo con rabia, me miraba furioso.  Estaba perdida.  Cuando de pronto, la prostituta sabia se arrodilló frente a él, le desabrochó los botones del pantalón y se llevó su hombría a la boca.  Supo también que no se conformaría sólo con aquello por lo que al rato, mimosa, se tumbó encima mío y se ofreció al caballero.

Ese personaje inventado por mi fantasía, me hacía de escudo.  Parecía gozar con el placer del hombre y también con el roce de mi vello, pero donde más satisfacción le notaba era en su mirada esmeralda, clavada triunfal en la mía como diciendo: “hemos ganado, amiga”.  Sus gemidos llenaron mi cabeza, me resultaron dulces y me quedé dormida mientras dormía.  Cuando volví a abrir los ojos, me habían vuelto a vestir y me encontraba abriendo la puerta para marcharme.

    - Malena, no recordarás nada.  Repite conmigo.
    - No recordaré nada - ¡Mi voz! ¡Era yo!

Pero era mentira, porque al despertar aquella mañana, lo recordaba todo a la perfección: las voces, los olores, los alientos... incluso mis pies sucios, que curiosamente seguían sucios.



3 comentarios:

  1. La próxima vez debe ordenarle que se ponga unos zapatos.

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  2. O que ande a cuatro patas para no ensuciarse los pies.

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    1. Entonces tendría que ponerse zapatillas en las rodillas para no ensuciárselas ^^

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