viernes, 15 de junio de 2012

Hysteria



Anda, qué gracia me ha hecho ver esta película en cartelera.  Las críticas no son despatarrantes, ni siquiera aceptables, pero el tema bien vale su observación: La histeria femenina.

Hace un par de semanas comentaba en mi relato de El hipnotizador de La Ribera, con transfondo isabelino, ese fenómeno poco conocido ahora pero que marcó durante siglos los problemas de salud femenina y su tratamiento.  La mayoría de malestares de la mujer que los médicos no eran capaces de diagnosticar, se ponían en el saco de la histeria, que era una forma fina de llamar a la insatisfacción sexual.  Hay que entender que en aquel entonces el papel aceptado de la mujer en la sociedad era el de esposa y madre.  Si estabas casada con Dios, bueno, vale, la religión era intocable, pero en general la soltería en la mujer se consideraba una enfermedad, una desgracia, una vergüenza, el fracaso total.  Si a eso añadimos que la función del sexo era la procreación y que la masturbación era tratada de parafilia, aunque supongo que se haría la vista gorda con el género masculino, las mujeres que no podían o no querían desarrollar su sexualidad con el prójimo, que vivían contenidas hasta límites antinaturales, tarde o temprano acababan estallando en un ataque de nervios y de ahí supongo que ataron cabos los "sabios" doctores.

Las contemporáneas criticamos ese diagnóstico masivo como un acto más de misoginia historica: si las mujeres no copulaban con un hombre, se ponían malas.  Pero lo cierto es que esa idea, que cualquiera que en nuestros días se atreviera a afirmar se ganaría un sartenazo en la nariz, fue la precursora del primer vibrador, símbolo indiscutible de la libertad sexual femenina.  De eso precisamente trata esta comedia, del doctor Joseph Mortimer Granville y su gran invento, más importante que la energía atómica, a mi parecer =P

Masturbarse estaba mal visto pero correrse gracias a las vibraciones medicinales no, jajaja.  Ay, la Bella Época y su hipocresía.




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2 comentarios:

  1. Hum, que pena que los consoladores no hayan acabado vendiéndose en las farmacias con algún tipo de subvención ¿no?

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    1. Jajaja, estoy segura que sería uno de esos "medicamentos" a los que una Ministra de Sanidad no aplicaría recortes ;)

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