viernes, 25 de abril de 2014

Manual del Buen Casanova (22)




VI. LA CLAVE DEL ÉXITO

¿Dónde váis?  Aquí quietos paraos que esta guía todavía no se ha acabado.  Hemos aprendido a cortejarla y a movernos con soltura dentro suyo pero, señores, señoras, este capítulo es el más importante de todos.  Durante el folleteo o acto amoroso hay que dar la talla, ok, pero es después cuando demostramos la pasta de la que estamos hechos y cuando nos podemos llamar AMANTE con mayúsculas o quedarnos en simples “colitas” que pasaban por ahí.

Oxitocina.
    Definición:  es la hormona del amor.  Para definiciones más técnicas ver la Wikipedia.
    Lo que nos interesa saber es que todos, tanto hombres como mujeres, segregamos oxitocina tras el orgasmo.  Y eso provoca que, de pronto, nos sintamos satisfechos y enamorados.  Alguno hay que le duran los efectos relativamente poco y luego ya no se acuerda como se llamaba la chica pero en el momento es correcto decir que “ha amado”.  Ya que es inevitable estar feliz, vamos a sacarle provecho a la hormonita ésta.  Prohibido saltar de la cama para irse a fumar el cigarro de después; es importantísimo, repito, importantitísimo que nos quedemos al lado de nuestra pareja para seguir sintiendo juntos el cosquilleo que nos recorre todo el cuerpo.  Y se lo haremos saber.

    Justo al acabar.
    Estamos absolutamente agotados y sin fuerzas pero debe haber lugar para un beso, un simple beso de cariño en la mano, el hombro, los párpados…  Nos pegaremos a su lado compartiendo el calor de nuestros cuerpos.  Ese momento silencioso y cálido en el que sólo se puede sentir la vibración del otro vale más que el oro.  Mucho más porque no se puede comprar.  Para ella lo es todo.  Si por un casual nos ausentáramos, se sentiría vacía y desolada, la melancolía se apoderaría de ella.  Pero ¿cómo? ¿por qué?  Si nos lo hemos currado un montón y le hemos provocado un orgasmo, ¿qué más da un par de minutos de escapada a la cocina?  Importan.  Ella está muy sensible y en esos dos minutos tontos la habéis fastidiado.  Los mimos con los que tratéis de compensarla a vuestro regreso ya no servirán porque la conexión se ha roto.  
Puede que su sensibilidad sea extrema por efecto de otras hormonas y aparezcan las lágrimas.  Si no estabais a su lado, lo mejor será dejar pasar un rato y volverle a hacer el amor.  Toca repetir por zopencos.  Si habéis permanecido a su lado en todo momento, no se tratan de lágrimas de soledad.  A veces las mujeres se excitan demasiado y el orgasmo no las libera del todo, por lo que estallan en llanto para eliminar la tensión que les queda.  Si no ha tenido un orgasmo, ya sabéis el motivo.  Parece una tontería pero con el orgasmo de una mujer no se juega.  Ante esta llorera repentina, lo mejor es no asustarse y aceptarlo como un proceso natural.  Nos quedaremos a su lado, le daremos besitos de consuelo y ya pasará.

La hora de las risas.
Al cabo de unos minutos que pueden ser cinco o incluso media hora, se habrá recuperado lo suficiente como para incorporarse y poder seguir una charla o dar rienda a una serie de juegos y carantoñas destinados no a excitar sino a estrechar los lazos.  Las risas funcionan bastante mejor en esta etapa del poscoito que no las poéticas declaraciones de amor.
¿Podemos ir ya a la cocina?  Bueno, vale, pero sólo si se la ve risueña y feliz y, de paso, le traeremos algo de beber y un poco de chocolate para recuperar energía.  Os voy a contar un secreto, justo ahora sois el centro de su atención.  Cualquier detalle tonto que tengáis será magnificado en su cabecita: una sonrisa os convertirá en el más guapo del mundo, un chiste en el más divertido, una caricia en el más cariñoso…  Si en vez de aprovechar esta oportunidad de la naturaleza, encendéis la tele u os ponéis a contestar los mensajes del móvil, sois idiotas.  No importa lo geniales que hayáis sido hasta ahora, el que venga detrás y le lleve el chocolate será el hombre de su vida.

Conversaciones de alcoba.
Tras las risas, una vez relajada del todo y habiendo recuperado sus funciones motrices, llegan las conversaciones profundas.  Pueden durar toda la noche pero, por lo general, las vence el sueño.  Es importante que la charla esté centrada en vosotros, en vuestros sentimientos o cosas más físicas como la forma en que os gustan las caricias.  Estará receptiva y amable siempre que no os paséis con las críticas.  Lo normal es que se sienta desinhibida después de tanta intimidad pero, si no habla, debéis animarla iniciando vosotros-as las preguntas.  No conviene lanzar la pregunta general de “¿te ha gustado?” porque difícilmente va a contestar que no y no va a hacernos más sabios.  Hay que centrarse en cosas concretas como “¿qué sentistes cuando moví el dedo así o asá?” o “¿prefieres con lengua o sin?”.  Ahí será sincera y podremos ir construyendo una imagen clara de su forma de sentir y adaptarnos a ella.

Dormir pegados es dormir.
Por lo menos hay que hacer el intento y tratar de estar un mínimo de tiempo bien pegaditos antes de que Morfeo se nos lleve.  En verano lo más seguro es que cada uno acabe en el lado opuesto de la cama, es comprensible.  En invierno da más gusto acurrucarse.  En cualquier caso nos aseguraremos de no quitarle la sábana, si además la arropamos amorosamente, mejor que mejor.  Caballerosos a tope.

Y por la mañana.
¡Tachán!  Para rematar la faena nada mejor que cubrir sus necesidades básicas y demostrarle cuánto nos interesa aunque el orgasmo hace horas que ha quedado atrás.  La llevaréis de la manita al inodoro...  No, eso no, je, pero sí le ofreceréis una toalla o cualquier otra cosa que necesite, además de proveer el desayuno, a poder ser delicioso.  Ducharse juntos es un clásico pero funciona de maravilla.  Sus sentidos están agudizados y todo lo bueno y rico le parecerá precioso y la colmará de alegría pero, cuidado, porque también las caras serias y las prisas para que se vista rápido, que no queréis llegar tarde al trabajo o a esa cita con los amigos, la deprimirán en exceso.  ¿Somos muy complicadas?  Puede, sólo es cuestión de que tengamos en cuenta sus emociones.

Siguiente episodio:  De pasiva a activa.

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