lunes, 20 de diciembre de 2010

Sobrevivir a la Navidad


Un año más y de nuevo volvemos a enfrentarnos a estas peligrosas fechas llamadas Navidad. Peligrosas en todos los sentidos: para nuestros nervios, para el bolsillo, para la salud... Ponen a prueba nuestra tolerancia y doy fe de que son muchos y muchas los que se desbordan y acaban creando el caos a su alrededor.

Menudo invento este de la Navidad, invento demoníaco, por muy hereje que suene la expresión. ¿Paz y amor? Ja! Los que no se quieran el 25 de noviembre no van a hacerlo el 25 de diciembre. Al contrario, parece la oportunidad perfecta para dar de lado a aquellos que valoramos poco, precisamente porque nos empeñamos en exaltar a aquellos que valoramos más. ¿Fraternidad? A una le da la sensación que más que una fiesta generosa, se trata de una ceremonía al más puro estilo primitivo y salvaje, tanto tienes, tanto vales. Tal vez las cosas fueran diferentes en tiempos pasados pero en la civilización Coca Cola es lo que hay.

¿Os habéis dado cuenta de como se desgañita la gente para ser (o aparentar ser) en un par de semanas lo que no es durante todo el año? Los pobres y modestos quieren aparentar ser más ricos a costa del pan de cada día, los ricos pretenden dárselas de derrochadores dadivosos, los serios fuerzan su sonrisa y parecen más falsos que los euros de chocolate, los simpáticos se pasan de graciosos, los tacaños se ganan una úlcera de tanto gastar y los amables quedan por idiotas. Y todos, prácticamente todos, acaban con unas cogorzas...

Aquí los únicos que se salvan son los niños (y a duras penas) porque son los más sinceros, tanto que no dudan en expresar claramente que a ellos las Navidades les gustan por los regalos. Déjales que disfruten, ya les tocará estar en nuestro bando.

Pues nada, puedo despotricar cuanto quiera de la Navidad pero ni los filósofos, ni los artistas, ni los liberales y laicos nos salvamos. ¡¡A derrochar como todo el mundo!! Y eso que soy muy comedida y opto por los regalos prácticos o detalles especiales conseguidos ingeniosamente en Internet, aunque mis preferidos son los regalos manuales (mal pensados) que resultan más auténticos y se valoran más porque el tiempo empleado es oro. Pero estoy tan pobre que ni tiempo tengo, jeje, así que trato de echarle imaginación al gasto para al menos asegurarme que será dinero bien invertido.

Ya véis, si hasta los optimistas felicianos nos ponemos de un negativo... No sé qué tiene la Navidad que a todos-as nos altera. Que paséis felices Fiestas, que yo esperaré que pasen de largo ;)

Incomprendido Scrooge...

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