lunes, 3 de octubre de 2011

La mirada de Jezzabel


Confío en que este mes de octubre sea más tranquilito que septiembre y pueda actualizar el blog con mayor frecuencia, sobretodo actualizarlos con relatos, que para mí eso de la creatividad no es sólo una adicción, es una necesidad vital y ya comienzo a acercarme peligrosamente a esa final linea entre la cordura y la locura. Hay gente que sonríe cuando lo comento, como si se tratara de una exageración poética... Pero no, cualquiera que estuviera dentro de mi cabeza se daría cuenta de lo frágil que es mi equilibrio y lo peligroso que sería dejar mi imaginación libre, revoloteando por ahí, en vez de tenerla ocupada creando.

Vamos, que el otro día me encontré, mientras fregaba los platos, poniendo caras raras porque estaba imaginándome o rememorando con matices imaginarios una reunión movidita de la comunidad de vecinos de mi finca. Si me pongo a hablar sola interpretando a los asistentes, sería la guinda del pastel, pase directo a una temporadita en el hospital psiquiátrico, jeje. Sí, me río para quitarle hierro al asunto pero lo cierto es que en la familia corre el gen esquizofrénico y no es cosa de broma eso de perder el control. Todos los genios estamos un poco locos, parece inevitable, sigh. Total, que por un momento me sentí muy identificada con Tom Ripley, el famoso antihéroe psicópata asesino creado por Patricia Highsmith. Él también tiene la capacidad de visualizar escenas imaginarias y repetirlas una y otra vez hasta llegar a parecer reales o influir en sus actos. No, tranquilos-as, no quiero asesinar a nadie de mi comunidad pero estoy a un paso de ponerles una demanda que les dejará tiritando los bolsillos y, seguramente, me convertirá en la bruja malvada del sótano.

Cosas que pasan, no se puede tener esta cara tan linda que tengo, ser tan simpática, gentil y educada, sin que haya personas que crean que pueden pasar por encima mío porque a lo sumo me pondré a llorar. Ah, no soy de las que llora, soy de las que desenvaina la espada y de eso se dan cuenta cuando pongo la mirada de Jezzabel. Algo así como bajar la cabeza y mirar por encima frunciendo un poco las cejas que, como son gruesas aunque perfiladas, resultan muy expresivas. Esa mirada se puede acompañar de una sonrisa perversa, en el caso de asuntos de cama, o de unos labios serios, en asuntos de vecinos. En cualquiera de ambos casos, le recomendaría al mirado que tragara saliba y, si va a salir corriendo, lo hiciera muy despacito y sin movimientos bruscos.

Saben los dioses que no me gusta ponerme violenta. Conozco alguno que, cuando se siente atacado, se frota las manos excitado por la batalla pero yo no. Me asquea que me obliguen a sacar ese lado de mí, porque soy muy buena siendo mala y, una vez empiezo, no me detengo hasta clavar el estoque. Sin piedad, sin conciencia y con todo mi talento puesto a disposición para hacer daño al prójimo... Soy peligrosa aunque a simple vista no lo parezca. Las personas con cierto sentido común y una chispita de inteligencia, lo ven si pongo la mirada especial y rectifican acogiéndose al tratado de paz que siempre ofrezco y, a veces, hasta reofrezco. Por desgracia, me temo que la presidenta pertenece a ese grupo de personas que, porque ha memorizado mucho de los libros, se creen muy listos e infravalora a los demás. Me consta que yo le doy tres vueltas pero, si ella no es capaz de verlo, la guerra será inevitable. Sigh.

¡¡No me obliguéis a ser mala!!!

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