miércoles, 5 de octubre de 2011

Los toros en el monte y las corridas en la cama


Por muy genial que sea, la frase no es mía, pertenece a un tal Filósofo Graffitero ^^

Bueeeeno, cómo está el patio. Retomo el blog después del parón estival y el stress de septiembre, que ya me echaba de menos. Además, comenzaba a necesitar estos desahogos con el teclado, que una no tiene pasta para el psicólogo y en algún lado tengo que soltar mis traumas e inquietudes. El tema hoy estaba entre vudú contra mis vecinos o la tauromaquia, ambos temas muy ancestrales, culturales y sádicos. Aparcaré durante unos días el asunto de los vecinos, porque la estupidez no se cura por mucho que hable de ellos y porque necesito concentrarme para los fuegos artificiales que soltaré en la próxima reunión... muahhahahah!!!




Los toros, vale. Personalmente nunca me han gustado los toros, como tampoco me ha gustado el futbol, pero da cierta pena verlo pasar a formar parte del pasado, era como algo que se daba por hecho que siempre iba a existir. De todos modos... ¿se hacían corridas en Barcelona? Como iría yo de despistada durante estos 37 añitos míos, que creí que aquí los toros sólo se veían por la tele. Dicen que las costumbres acaban muriendo por su propio peso, o sea, la gente deja de seguirlas y se acabó. En el caso de Cataluña se ha acabado imponiendo la fuerza a golpe de ley, mucho por presión de la sensibilidad colectiva pero, seamos realistas, no menos por el politiqueo nacionalista.

El 25 de septiembre de 2011 se celebró la histórica última corrida en la ciudad condal. Unos lo festejaron y otros lo lloraron y, entre unos y otros, se increparon de lo lindo. También, menuda ocurrencia permitir una manifestación antitaurina ante las puertas de La Monumental repleta de aficionados, son ganas de crear conflictos. No hay que infravalorar las pasiones humanas, después de todo son las que nos empujan a matar. Con respecto a mí, no puedo definir mis sentimientos... Me alegro de se haya puesto fin a la barbarie, de la misma manera que me alegro de los campanarios libres de cabras para sacrificar, pero el toreo sigue formando parte de nuestra historia. ¿Vamos a homenajearlo de alguna manera o simplemente le vamos a tirar tierra como si nunca hubiera existido?

¿Y qué pasará en las Españas? Quiero decir, en el resto de España, jujuju. Ahora ya somos dos las comunidades antitaurinas: Las Islas Canarias y Cataluña. ¿Será esto un referente para otras comunidades? Entramos en una nueva era. La civilización nos empuja inevitablemente hacia esto: perder nuestro lado salvaje para recuperar la amistad con la naturaleza. Resulta incongruente que para ser buenos con los animales tengamos precisamente que dejar de ser tan animales, pero así están las cosas.

Ah, no sé, me pongo en lugar de los pro-taurinos y entiendo el drama y la desesperación pero el sentido común me hace estar totalmente de acuerdo con lo que dice Ignacio Escolar en su blog Escolar.net:

Por orden de aparición en cualquier discusión sobre lo poco apropiado que resulta definir como “fiesta nacional” a una bárbara tortura animal:

1. “Es una tradición”. Es una falacia clásica, también conocida como argumentum ad antiquitatem. Que algo sea antiguo no significa que sea bueno. La prostitución, la tortura o la esclavitud son tradiciones aún más viejas que la tauromaquia.

2. “Sin corridas, el toro de lidia se extinguiría”. Bastaría con que los ayuntamientos gastasen en reservas naturales una cuarta parte de lo que hoy emplean en subvencionar la tortura animal para evitar tal drama. El lince ibérico también está en peligro de extinción, y nadie defiende que la solución sea torearle.

3. “El toro no sufre”. Hay un veterinario, jaleado por el lobby taurino, que dice haberlo demostrado científicamente por medio de unos misteriosos microchips, que ha implantado en algunos toros. De momento, su importante descubrimiento sólo ha sido publicado por la prestigiosa revista científica 6 toros 6. Ya que su investigación está tan avanzada, le recomendaría que probase ahora con humanos. Si no encuentra voluntarios, cosa probable, que empiece él mismo con las banderillas.

4. “También se mata a los terneros”. Pero el ternero, según la ley, debe ser sacrificado con el menor dolor posible, y al toro se le tortura. En Catalunya, la ley de maltrato animal recoge a los toros de lidia como excepción. Si toreasen a una oveja, incurrirían en un delito penado con cárcel.

5. “Es una pelea de igual a igual entre el hombre y el toro”. ¿Igualada? No hay más que ver cómo suele quedar el marcador.

6. “Los que quieren prohibir los toros son independentistas catalanes, contrarios a la fiesta nacional”. Pues yo vivo en Madrid y nací en Torresandino, Burgos.

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