jueves, 4 de octubre de 2012

Ella, tú y yo (1)

Ya no aguantaba más, o escribía o reventaba.  Como podéis comprobar en vuestras nítidas pantallas sin chorretones de sangre, he optado por escribir y éste es el resultado.  Desde antes de las vacaciones que le tenía ganas al relato pero primero por falta de inspiración y luego por falta de tiempo (mi cruz), no ha podido ser hasta ahora.  Seguiré escribiendo, cueste lo que cueste, aunque tenga que hacerlo parada en los semáforos.

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¿Te acuerdas de cuando te la presenté?  Quise organizar una cena íntima en casa pero sugeriste, en esa forma rotunda en que exiges las cosas, que la lleváramos a un restaurante con clase.  Habíamos reservado mesa para tres pero, al verla de pie junto a la parada de metro, cambiaste de idea y fuimos al McDonals de la esquina.  Creí que no pasaríamos de la primera cita.
Tenemos tan poco en común.  Ella de Artes y nosotras de Ciencias.  Ella lava toda su ropa un día a la semana y se pasea mientras por casa envuelta en una toalla, nosotras ponemos a trabajar la lavadora todos los días.  Se descarga videojuegos por Internet y nosotras bajamos cine de autor (¡sin subtítulos!).  Su lado de la nevera está saturado de postres hipercalóricos, en el nuestro dominan los vegetales y la leche de soja. Veinteañera y treintañeras.  Ninguna agencia matrimonial nos hubiera dado el visto bueno pero... ¡es tan mona!  Ahí estamos de acuerdo, esos ojazos negros no tienen rival y, cuando el flequillo le crece en exceso y los cubre como una cortinilla, está para comerla a besos.

Salir en grupo es un suplicio, solas nos va mejor, aunque tengamos decorada la estantería de los libros con juguetitos de los Happy Meals.  Sus amigos son algo altaneros y su concepto del buen vino se basa en un calimocho cargado.  Los nuestros se horrorizan si la ven colocarse la servilleta en el cuello cuando vamos a comer al Asador, aún así la defendemos como ella nos defiende.  Deberíamos conseguir amigos en común pero, cuando elaboramos el prototipo ideal, nos queda más extraño que un “gallifante”.  Ir juntas al cine, otro dilema, suerte de ese gran invento que son las salas multicines.  Después de todo, al cine vamos a ver la película, para meternos mano ya tenemos el parking.  En el Jazz Club sería más apropiado y menos chabacano pero ella se nos duerme y luego no hay manera de introducirla en el taxi.  Los locales que nos recomienda, es cierto, podríamos hacer concursos de quien mete la lengua más al fondo sin que nadie nos llamara la atención pero la música es en exceso estridente.  
Lo sé, darling, esta relación va contra natura pero ni ella, tú ni yo somos capaces de ponerle fin.

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2 comentarios:

  1. Un trío disparejo(?)
    Con diez años de diferencia si puede tener sus problemas de costumbres y gustos.
    Esto empieza muy bien.

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