viernes, 21 de febrero de 2014

Manual del Buen Casanova (13)




La boca.
    ¡Ay, mis Romeos!  Por fin hemos llegado, después de un largo camino, al lugar donde habita su corazón.   Es una forma bonita y optimista de decirlo, no quería asustaros, pero lo cierto es que ahora os van a poner a examen.  Si tenéis la equivocada idea de que las mujeres son criaturas dulces que valoran vuestra personalidad por encima de todo y perdonan las pequeñas torpezas (y las grandes) en el amor, ya podéis ir cavando vuestra propia tumba.  Jamás infravaloréis a vuestra compañera, jamás penséis que ese “no pasa nada” pronunciado en voz baja y melodiosa significa realmente que os van a dar una segunda oportunidad.  Hay mujeres más directas que otras pero, en general, todas tienen una dosis elevada de piedad y buenas maneras que les impide soltar a bocajarro que no vales un pimiento.  Podrán mostrarse mimosas, y muchas veces (más de las que debieran) hacen realmente el esfuerzo por perdonar a un mal amante, pero Pepito Grillo está ahí en su cabecita repitiendo una y otra vez:  “Es malo, no funciona, no te pone…”.  La amabilidad por lástima no es a lo que aspira un buen Casanova, aspira a quitarle el aliento y a aplastar al grillo ese.
   
Formas de besar.
Sólo hay una forma correcta de besar:  déjate llevar.
Ya sea un besito suave, juego de labios o tornillo salvaje, déjate llevar y no pienses, siente.  Ese es mi consejo pero si necesitáis un ejemplo de beso con buena nota, ahí va:

Primero poesía.  A la tenue luz de las velas su respiración agitada clamaba a gritos un beso, un tierno beso de amor que despertara la envidia de los ángeles, un húmedo beso que hiciera retorcerse a los demonios de lujuria.  Con el pecho oprimido de deseo, sus labios temblorosos se acercaron, hambrientos el uno del otro.  Se vieron envueltos en llamas antes siquiera de tocarse…
Segundo, el contacto.  Mejor despacio que precipitadamente.  Lo de meter la lengua de buenas a primeras es valiente y os puede dar un punto de ventaja pero también es arriesgado.  Ante la duda mejor probamos con besos pequeños y suaves para ir despertando su deseo.  Ya sé que llevamos despertando su deseo durante un montón de páginas pero las chicas no son lineales, su deseo no va de menos a más de forma gradual y una vez arriba se queda álgido hasta el final.  ¡Uy, no, qué va!  Puede empezar muy alto e irse estabilizando en un punto medio para despertar de pronto en las alturas.  Las hay remolonas, que disfrutan subiendo moderadamente y volviendo a bajar, y así varias veces para alargar la velada, hasta que se dejan llevar directas y rápido hasta la cima.  Y por supuesto están las de toda la vida, las que se resisten a abandonarse y, cuando parece que ya están, vuelta al comienzo.  Pero todo eso forma parte del juego, por eso hay que estar siempre preparados para volver a despertar su deseo.
Tercero, el ataque.  ¿Si os alejais un poco, os va buscando con la boca?  Es el momento de atacar con la lengua y hacerle saber quien manda… En realidad manda ella, para que os voy a engañar a estas alturas, pero está bien mostrar seguridad y someterla a vuestro ataque lingüístico esgrimiendo sin piedad vuestra mejor arma.  Pero siempre como he dicho antes, sintiendo.  Eso es, suéltate, innova, no pienses si estará pensando que estás pensando que babea mucho.  Corta el hilo que te une con la razón y estarás besando como dios manda.
Cuarto, el tiempo.  Un buen beso dura justo lo que dura un buen beso.  Significa que no hay que alargarlo más de lo convenido o se romperá la magia y se volverá aburrido.  ¿Cómo saberlo?  Si la idea del beso es pasar a palabras mayores, lo mejor es dejarlo cuando la excitación esté arriba o atacar simultáneamente con caricias íntimas para acabar de volverla loca del todo.  Si es un beso de despedida o uno de media tarde sin previsión inmediata de revolcón entre las sábanas, lo ideal es seguir hasta que la excitación baje por sí misma, despacio pero sin pausa, y separarse cuando los cerebros vuelva a llamar a sus dueños.
Quinto, no hay fronteras.  No te limites a la boca.  ¡Cómetela por entero!  Como diría Hannibal Lecter pero en nuestro caso no tan literalmente.  Pero cómetela a besos, que no haya duda de cuánto la deseas.

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Próximo capítulo:  "A por la guinda"

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