miércoles, 20 de octubre de 2010

Olé la Sanidad Pública


Hoy he llevado el niño al médico. Pero no el pediatra de al lado de casa, sino el especialista del hospital especializado en pediatría que, dicho sea de paso, es de los más especializados entre los especializados. Especializado en laberintos, ya te digo...

Un ratón de laboratorio tal vez se maneje bien entre los pasillos y más pasillos de estos hospitales no-va-más, pero una homo sapiens comunus lo lleva algo mal. Vamos a ver ¿por qué hay tantos edificios anexos con sus correspondientes muchas puertas de entrada? Si cuando vas al centro de salud, a veces ya te haces un lío para subir a la planta y localizar la puerta que te corresponde, aquí además tienes que preocuparte de acertar con el edificio, una vez localizado, acertar con la puerta buena, la que te lleva directamente al punto de información, y luego rezar para que tu consulta esté inmediatamente en el pasillo de la derecha o izquierda y no subiendo a la planta siguiente, girando a la izquierda, bajar las escaleras, girar a la derecha... Y volver a preguntar porque ya te has perdido. He hecho bien en ir con un cuarto de hora de antelación porque he tardado justo eso, 15 minutos en subir y bajar escaleras hasta dar con mi médico. He estado a punto de abrazarlo al encontrarlo pero no me han dejado porque tenía como siete personas delante mío esperando en la cola.

Esa es otra. Te citan a una hora y te atienden a la siguiente pero es algo que tienes asumido. A estas alturas, lo más cívico es sentarse en la sala de espera y esperar (para eso están) con paciencia. La misma paciencia que deben emplear los doctores y doctoras en tratar con un montón de desconocidos al día que consideran que su caso es más importante que el de los demás o su prisa más prioritaria. Nada hay más democrático que la Sanidad Pública, todos-as somos iguales ante los médicos.

Otra cosa que me gusta de la Sanidad Pública además de la equidad, es la fiabilidad del diagnóstico. Vale que hasta llegar al diagnóstico puede tocarte vivir una odisea que ni Ulises se atreviera, pero puedes estar casi seguro que no van a hacerte más pruebas de las necesarias ni someterte a ningún tramiento costoso por la cara. Por si fuera poco, como te envían de médico en médico, tienes varias opiniones sin tener que pedirlo. Todo un lujazo, eh! que no es la opinión de la portera, que es la opinión de licenciados en medicina. Al final, cuando tienes una bonita colección de opiniones, llegas a hacerte una idea muy precisa de lo que realmente te ocurre. En la medicina privada, en cambio, tienes que conformarte con una única opinión, que tal vez sea muy buena pero puede que no. También existe el peligro en la privada, como en cualquier negocio que precise de beneficios para subsistir, que te exageren un poquito y te asusten no menos para que aceptes un tratamiento que te obligue a desembolsar los dinerines. Si me da miedo llamar a un lampista para reparar una fuga porque no sabes qué barbaridades se inventará e intentará cobrarte, imagina un médico de pago. Que sí, que está la decencia profesional pero somos humanos, codiciosos y a todos nos gusta tener más y vivir mejor.

Un estudio que leí hace tiempo demostraba que en las maternidades privadas se realizaban más cesáreas que en los hospitales públicos. ¿Es que tal vez las pudientes sean de caderas más estrechas que las mileuristas? La conclusión que daba el estudio es que los obstetras en la privada no quieren arriesgarse a un parto con complicaciones y a la mínima te rajan. Mi conclusión personal es que no es lo mismo cobrarle al seguro del paciente un poco de anestesia epidural y tres días de cama, que una operación en toda regla y sus buenos días de recuperación. Yo puedo asegurar y aseguro que en la pública, aunque no conozcas ni de vista a la comadrona que te está metiendo mano, te tienen tan controlada y monitorizada, que a la que detectan el más leve sufrimiento fetal, se te llena la sala de médicos y enfermeras y de ahí no se van hasta que te dejan el niño en brazos. De lo que puedes estar tranquila es que no van a hacerte una cesárea por su comodidad.

Pero mi niño ya tiene diez años (sigh, cómo pasa el tiempo) y su visita era con el traumatólogo. Na, poca cosa, unos tendones de los dedos de los pies que son cortos y hay que corregirlos. Por ahí ya me habían asustado, que si la única solución es la cirugía, que si no se arregla puede dar problemas, etc etc. Pues nada, al final la visita ha durado dos minutos. El niño se ha descalzado y, ni corto ni perezoso, ha plantado el pie encima de la mesa. El doctor, no menos práctico, le ha estirado el dedo y ha indicado que el tratamiento era hacer estiramientos de dedos todos los días durante media hora. ¿Sólo eso? Sólo eso. ¿Y la cirugía? Si no molesta ni duele, nada de cirugía. ¿Y plantilla o algo así? No será tan efectivo como el tirón de dedo. Un médico privado nos hubiera montado más número y, tal vez, no habríamos podido eludir el bisturí.

No quepo de gozo, mi niño sigue tan sano como una manzana ^^ Por eso digo... Olé la Sanidad Pública!!


4 comentarios:

  1. son licenciados en medicina, no doctores! un doctor sólo es quien ha hecho una tesis doctoral con muchisimo trabajo de investigacion detrás!

    no mitifiquemos a los medicos, que la mayoria ya se lo tienen bastante creido...

    fdo: una enfermera q visita tu blog asiduamente ;-)

    ResponderEliminar
  2. Ah, nunca me aclaro con eso de las licenciaturas y los doctorados. Lo corrijo al momento, qué vegüencha... ^^

    Es cierto que los médicos van de muy importantes y, a la hora de la verdad, son las enfermeras y comadronas las que parecen preocuparse más por el paciente y se toman mayor interés. Las enfermeras-os son el lado humano de la medicina.

    ResponderEliminar
  3. Me presto voluntario para estirarle de las orejas....digo..de los pies...

    Osssote

    ResponderEliminar
  4. Jajaja, hola Osote. Pues el ejercicio parece que le funciona y el dedo está más recto. Algo tan sencillo como esto y el buen resultado que está dando ^^

    ResponderEliminar