lunes, 4 de julio de 2011

El descubrimiento


He descubierto el fuego.

Jajaja, hará milenios que está inventado pero yo lo he descubierto ahora ;) Ha sido este fin de semana, mientras trabajaba con mis páginas del cómic. Para que podáis entender la importancia del hecho, tengo que poneros en antecedentes: llevo un par de años con la libido algo decaída por motivos de salud.

Físicamente no tengo ningún problema que pudiera justificar ese descenso pero psicológicamente sí. He tenido que enfrentarme a una enfermedad que, aunque no supone ningún riesgo para mi salud mientras siga con las citologías de rutina, me ha predispuesto en contra del sexo. Es duro para una hedonista de mi categoría, de exaltada imaginación erótica y buenos haceres en la cama, haber pasado de un extremo al otro. Me pregunto si John Wilmot (representado en la película The Libertine por Johnny Depp) renegaría del sexo al enfemarse de sífilis o simplemente consideró que la mala suerte había truncado demasiado pronto su extensa carrera de libertinaje. En mi caso, nada tengo que acusar al libertinaje. Con la mano en el pecho reconozco que no hay sexo más seguro que el de ir de cama en cama y tener una bonita colección de amantes, precisamente porque se es más consciente del peligro y se toman precauciones. Yo me contagié del virus del papiloma estando en monogamia, que es cuando se baja la guardia. Tampoco voy a acusar a ese estilo de vida, puede resultar muy satisfactorio si encuentras a la persona correcta, que es como yo me siento ahora (¡te quiero, pichurri!!)

La cuestión es que no conseguí evitar (ni lo intenté) autoprovocarme una especie de pollafobia, un rechazo total hacia ese apéndice masculino que para mí representa el peligro summum. De haber nacido yo heterosexual, eso hubiera supuesto el punto (final?) de mi sexualidad, pero he tenido la fortuna de haber nacido con una fuerte tendencia hacia mi propio género y hacia él he enfocado las pocas energías sexuales que me quedaban después del trauma. Aún así, es innegable que ya no soy la que era, el miedo y las inseguridades me han tenido dominada todo este tiempo haciéndome perder el gusto por el placer. Con mi chica respondo bien pero fuera de ahí nada o muy poco, tengo a mis juguetes abandonados. Sólo hay que fijarse en los pocos posts que dedico a la sexualidad. Incluso en mis relatos eróticos el sexo corre el riesgo de quedar como secundario.

Bien, pues este fin de semana la Reina del pasado le ha dado una lección a la Reina del presente. Enmaquetando las páginas del cómic y unificando la fuente de los diálogos, lo he releído y me he encendido. Sí, mi propia obra me ha encendido. Es que es... cómo diría... ¡¡¡Apasionada!!! Apasionada y excitante, capaz de rescatar de la tristeza y encender chispas allí donde amenazaba con instalarse un oscuro pozo. Sip, no sólo me he excitado sino que me he iluminado entera. Y a esa sensación de gustirrinín le ha seguido una felicidad que todavía me dura. ¿Es esto lo que sienten los demás cuando me leen? ¿De verdad? Guau!! Cuánto bien debo haber hecho sin ser siquiera consciente. ¿A cuántas personas debo haber devuelto las ganas de sentir?

Que tengo talento para provocar estas sensaciones ya lo sabía pero no me había parado a pensar en lo beneficioso que puede llegar a ser. El erotismo, por norma, es un género infravalorado y maltratado. Es utilizado por dibujantes y escritores de otros géneros que quieren ganarse algunas perrillas y eso provoca masificación y poca calidad. No es raro encontrarse con historias muy bien dibujadas (hay que lucirse) pero sin un triste ápice de pasión inspiradora. Tampoco son raras las historias que se repiten, se plagian o se piensan poco para producir más, convirtiendo un género abierto a la imaginación en mero papel barato limpia pajas. Para mí siempre ha sido algo más y he hecho oídos sordos a todos aquellos que me instigaban a emplear mi talento en un género más "decente". ¿Puede haber algo más decente que proporcionar felicidad a los lectores adultos?

Lo que una vez dibujé por gusto, ahora me recompensa devolviéndome parte de esa pasión creadora. Ya no veo mi sexualidad como algo limitado sino como un extenso abanico de posibilidades a explorar en donde la mente y el corazón toman el mando. Una evolución hacia una sexualidad menos animal y más humana, más rica en matices y sensaciones. Una sexualidad más satisfactoria que me mantenga por siempre iluminada y llameante ^^

Si alguna vez vuelvo a estar soltera, no descarto tenderle la mano a esos pobres hombres abandonados de mi gracia pero ¿estarán ellos preparados para una sexualidad de tan alta calidad como la mía en la que, de ninguna manera, su penecito será el protagonista?

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