lunes, 19 de marzo de 2012

La fiesta pijama (10)


Conclusiones.

No me sentí con ganas ni la suficiente cara dura para exponer a mis amigas a la crítica mordaz del profesor. Posiblemente me hubiera ganado un excelente por haber encontrado un grupo tan heterogéneo y haber llegado al fondo de todas ellas... sigh... Pero no hubiera podido soportar que un sabiondo clasificara de ninfómana a Asia, desequilibrada a Bea, traumada a Carmen, con síndrome de juguete roto a Desi y de identidad confusa a Eli. Patrones de comportamiento acordes a las vivencias e influencias sociales que afectaron a los sujetos, me hubiera dicho, y yo le hubiera roto la nariz.

Cambié el tema del trabajo y me apliqué a contrarreloj en la Teoría Queer. Un suspenso como una catedral, básicamente el profesor criticó la incoherencia de mis afirmaciones y de que no se entendía nada. “Aclare primero su cabeza antes de querer aclarar la de los demás”. Fue duro pero tenía razón, no sé quien soy, aunque tal vez no tenga importancia. Sólo busco sentirme aceptado por mi entorno. En la uni y con los colegas me va bien como tío enrollado, con Ana... por cierto, no lo sabíais, me pidió para salir el mismo lunes después de la fiesta pijama y yo acepté, me sentía vulnerable. Eli, de vez en cuando, por sorpresa, deja caer que hubiera preferido para mí una chica menos hetero. “¿Alguien más cómo tú?” - le pregunto un poco herida. “Olivia, preciosa, si no tuvieras los pezones tan pequeños ni el clítoris tan grande, con gusto te adoptaba como novia” - me responde ella irónica pero acompañada de una dulce sonrisa, que al momento me devuelve la alegría de seguir disfrutando de su compañía. No hemos vuelto a intimar como aquella noche pero no se me escapa la forma en que tiene de mirarme las manos. Y si me relamo los dedos después de zamparme un donut de azucar, se le suben los colores y me llama mojabragas.

Como iba diciendo, con Ana soy el compañero y amante que espera, aunque no se toma bien que utilice su pintalabios de melocotón brillante efecto húmedo cuando salgo con las chicas. Me sienta mejor a mí pero no quiero herirla en su feminidad, bastante de los nervios la pone que compartamos las amigas. Si quedamos todas juntas para cenar o para alguna otra fiesta pijama, se toma la libertad de organizar una quedada masculina con mis amigos para la misma noche, aunque consigo escabullirme del plan cervecero y calzarme mis sandalias de tacón con cristales swarovsky número 45 que con tanto sudor y pateada de zapatería en zapatería me costó conseguir.

Con mis amigas soy y quiero ser siempre Olivia.


Fin.


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4 comentarios:

  1. Vaya, otro pobre cordero descarriado en la tortuosa senda de la sexualidad...

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  2. Me encanto el final.
    Muy buena historia.

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    1. Gracias, Lady ^^ No es una obra maestra pero no está mal. La verdad es que mi intención era escribir algo ligero después de tantos meses de parón y he acabado con algo tan complicado como es la identidad sexual.

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