sábado, 1 de febrero de 2014

Ihhh!!




O sea, vale, sí, el derecho de expresión lo respeto pero qué penita.  Pobres los adolescentes que se ven infantilizados por sus padres hasta la mayoría de edad (o más).  Frustrados psicológicamente, sintiéndose culpables de su despertar sexual y tratando por todos los medios de formar parte de un grupo de amiguitos y amiguitas igualmente asexuados.

Entender la castidad como un derecho más de la libertad sexual es perfectamente válido y lo defiendo.  Renunciar a la masturbación también ha de ser un derecho, que no una obligación moral, aunque ahí soy de la opinión que darse autoplacer y crear preciosas fantasías eróticas es un don humano que debería venerarse y fomentarse.  ¿Pero con qué base científica defiende ABC que "la masturbación no es ni buena ni necesaria para la salud"?  Sólo le ha faltado decir que uno se puede quedar ciego porque la sangre que riega los globos oculares baja en picado a las zonas sucias y se pueden producir coágulos en el cerebro... Puestos a alarmar a los jovenzuelos, que suelten una bien gorda.

Pues nada, a debatir.  ¿Por qué la masturbación es buena y necesaria para la salud?
  • Reduce el estrés.  Además es compatible con el deporte, una cosa no quita la otra.
  • Mejora la autoestima.
  • Estimula la imaginación erótica (sin necesidad de buscar porno en Internet).
  • Ayuda a conocer mejor el propio cuerpo y nos da seguridad a la hora de tener sexo en pareja.
  • La hormona oxitocina que se segrega ante la estimulación nos proporciona felicidad inmediata gratuita y sin contraindicaciones.
  • Es una liberación.  Punto.


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2 comentarios:

  1. Yo me crié en una familia católica, en un país católico, por lo que eso de la masturbación, y el hecho de que me gustara las prendas femeinas, era algo malo.
    No es que no me masturbara pero después de hacerlo sentía una enorme culpabilidad.
    Me resulta molesto que haya gente que quiera regresar a esos tiempos.

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    1. Yo también me crié en una sociedad católica, aunque mi madre era bastante liberal. Recuerdo una profesora que se escandalizaba porque los jóvenes de la edad de su hija se iban a vivir juntos sin estar casados. A los niños de mi edad nos metía miedo con que eso era pecado y tal y cual. Pero cuando crecí me quité todos esos miedos de encima. La sociedad había cambiado y los jóvenes nos sentimos liberados de la culpa. Aunque la culpa se lleva dentro, así que a veces hay que trabajar un poco ese aspecto de uno mismo.

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