miércoles, 12 de marzo de 2014

Manual del Buen Casanova (17)



Templo del placer.
Ya está bien de usar tanto nombre científico o esto va a parecer una lección de naturales.  El templo del placer o comúnmente llamado vagina y vulgarmente… hum… ¡Ay, coño!  Va a resultar que no hay un nombre vulgar para ese fantástico agujerito maravilla de la naturaleza.  Que yo sepa, los vulgarismos utilizados para los genitales femeninos se refieren más a la vulva.  ¿O es que lo engloban todo en uno?  ¡Ni que fueran la misma cosa!  Pues nada, nos tocará inventarnos nuestros propios vulgarismos en el calor de la batalla.
Se os nota nerviosos y veo que no he conseguido relajaros con mi gracia.  ¿De qué tenéis miedo?  Ya veo… os preguntáis cosas como si le dolerá o, al contrario, si se enterará de algo.  Os voy a contar un secreto, el cuello de la vagina prácticamente no tiene terminaciones nerviosas, aunque está demostrado que el órgano del clítoris se extiende a su alrededor y es mucho más grande que el botoncito que vemos a simple vista.  Cuando una mujer siente placer a través de la penetración es porque se está acariciando y presionando el clítoris en su zona interna.  Eso explicaría el mito (o no mito) del Punto G y porque la forma ideal de jugar con los dedos o la mano sea insistiendo en la zona de arriba, no tanto en la zona profunda o la inferior, que puede dar gustirrinín pero no mata.  Imagino que no hará falta que os recuerde que el delicioso agujerito ha de estar bien lubricado.  Si por lo que fuera estuviera seco y el flujo no apareciera de forma natural, recurriremos a lubricante, preferiblemente de base de agua para que sea compatible con el látex.

Movimientos que gustan al templo.
Teniendo en cuenta la morfología que hemos comentado, nuestro objetivo será excitar el clítoris por dentro.  Con un dedo, dos o más dedos, nos adentraremos despacio hasta asegurarnos que somos bien acogidos.  Puede que el templo nos absorba en un santiamén o que muestre resistencia.  Si es lo segundo, tendremos paciencia y esperaremos a que ella se abra por sí sola ayudando con besos, lengua o caricias con la otra mano.
Las primeras caricias internas serán suaves.  Recordad apuntar arriba y presionar sobre toda la zona superior.  Lento y presionando.  Es evidente que lo estáis haciendo bien porque ella parece totalmente extasiada y en otro mundo.
Seguiremos con un poco más de caña, con movimientos como de vibración o frotamiento.  Insistid en ese punto en el que, al tocarlo, la dama grita obscenidades y se revuelve como posesa.  No conozco ninguna mujer que se quede fría y tiesa ante el placer así que no podéis equivocaros.
Luego está el movimiento clásico de “follar”, hacia adelante y atrás con un cierto ritmo.  Aquí la gracia es cubrirla por completo, ya sea una vagina estrecha o amplia.  Que un triste dedo se enfrente a una vagina grande con este movimiento da risa pero lo peor es que ella apenas sentirá nada, si acaso una ligera molestia de que algo la está urgando por dentro.  Si los dedos no funcionan bien aquí, mejor un dildo.  Pero cuidado con los juguetes, no hay que utilizarlos nunca con brutalidad o podríamos causarle dolor.  Dejad que ella lo vaya asimilando y os diga hasta dónde y cómo, si más lento o más duro.
Movimiento de cabalgar.  Hasta ahora he estado describiendo a nuestra compañera como pasiva y llevando nosotros todo el trabajo.  Tenemos que estar capacitados para tomar el papel activo desde el principio hasta el fin pero lo cierto es que hay que fomentar que ellas sean activas también y den rienda suelta a su pasión.  En este movimiento, vamos a limitarnos a ser el objeto poseído.  Ella, encima, podrá moverse como quiera.
Movimiento profundo.  El objetivo aquí es ir más allá… y mucho más allá…  Hasta los confines del cuello del útero o hasta donde buenamente podamos alcanzar.  Una vez allí haremos movimientos de empuje cortos.
Seguro que me dejo alguno, como por ejemplo el helicóptero, jajaja, pero no hace falta ser acróbata para ser el mejor amante.

Posturitas.
No hace falta estudiarse el Kamasutra, aunque el saber no ocupa lugar.  Aquí voy a limitarme a las posturas en que ellas disfrutan más la penetración.
Ella tumbada sobre su espalda es la más común pero no siempre la mejor.  Recomiendo elevar la pelvis con un cojín.  También puede levantar las piernas, encajarlas sobre vuestros hombros o, incluso, llevar las rodillas a la altura de su cabeza de forma que la pelvis quede en vertical.  Ella manda según su flexibilidad pero es importante que se sienta cómoda.
A cuatro patas facilita la penetración, además el clítoris queda más expuesto por lo que es fácil una doble estimulación, o incluso triple.
De lado es muy cómodo.  Si ella está cansada, adormilada o queréis pillarla por sorpresa, ésta es la mejor postura.  Situándonos detrás hay más maniobra.
Ella encima.  Pues eso, que se mueva a su antojo.
De pie.  Difícil para manipular pero con la lengua o los dedos se puede acabar la faena con éxito.
Y el que no necesita presentación, el 69.  El de arriba debe tener cuidado de no dejar caer su peso sobre el de abajo o no habrá posibilidad de movimiento.

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