lunes, 7 de abril de 2014

Manual del Buen Casanova (19)




El prohibido.
    Uh, caen rayos y truenos, la niebla nos envuelve en este episodio en el que nos adentramos…  Sí, señoras y señores, el prohibido, el tabú.. o no.  Va a depender mucho de la persona pero estaremos de acuerdo en que no tiene la gran aceptación de madame Vagina.
    Muchos os preguntaréis “¿por qué las chicas ponen tantas pegas al sexo anal?”.  ¡Es para daros!  Yo os pregunto “¿por qué tanta obsesión por el sexo anal?”.  Un buen amante no piensa en alcanzar metas y llegar más lejos.  No me miréis con esa cara, no me estoy contradiciendo.  El objetivo de un buen amante es dar placer.  Ha de ser capaz de dar placer de diferentes formas para adaptarse a las preferencias de su amada pero no ha de “forzarla” jamás a experimentar placeres que no son de su agrado
    Una vez ha quedado claro que lo importante no es lo que nosotros queramos, sino lo que ella quiera, pasaré a nombrar el procedimiento correcto para iniciarla en el sexo anal y valorar sus reacciones:

INCORRECTO - tener una larga conversación sobre las ventajas del sexo anal, incluido pase de diapositivas y comentarios de mujeres satisfechas.  Así sólo conseguiréis que se asquee de vuestra insistencia y os envíe a la cocina a freír espárragos.

CORRECTO:
  1. Comentarlo en caliente.  Practicando el cunilingus nos desplazamos hacia abajo y acariciamos suavemente la fortaleza anal con la punta de la lengua o con la yema del dedo humedecido.  Si ella gime de placer, seguimos un rato así para luego preguntar si quiere que introduzcamos el dedo.  Si nos da el permiso, bien.  Por el contrario, si sólo acercanos a su culito da un respingo y se pone a la defensiva, sal de ahí pitando.  Al cabo de un rato, después del orgasmo, cuando esté tranquila, puedes animarla a hablar sobre si le ha gustado la caricia especial, podrías repetirla en otra ocasión, o si no le interesa en absoluto.  Si es lo segundo, se cierra el tema anal y no se habla más.
  2. Si nos ha dado permiso para penetrarla con un dedo (sólo uno, de momento), lo haremos muy despacio, procurando que la zona esté siempre húmeda.  No es mala idea tener lubricante a mano.  Si en la penetración vaginal, por sí sola, es difícil que ellas tengan un orgasmo, en la anal es prácticamente imposible, así que no está de más que excitemos conjuntamente el clítoris o incluso el tres-en-raya completo: clítoris, vagina y ano.  Con un poco de práctica y habilidad se puede.
  3. Paso a pasito.  Tras el primer acercamiento, si ha sido satisfactorio, seguiremos aumentando el nivel de forma progresiva en posteriores encuentros.  De uno pasaremos a dos, más dedos o algo más grande como un dildo o pene. Todo en el mismo día va a ser que no.  Además, tenemos que tener en cuenta que no siempre va a dar su consentimiento.  Puede no sentirse limpia, puede simplemente no tener ganas o puede que todavía esté asimilando el descubrimiento de su nueva zona erógena.  Esperaremos pacientemente a que vuelva a darse la ocasión.
  4. Dar ejemplo.  Para conseguir quitarle el miedo al sexo anal nada mejor que mostrarnos dispuestos a compartir nosotros también con ella esa intimidad.  ¿Cómo que no es lo mismo?  Que si su culito es blanco y precioso y el vuestro peludo y maltrecho.  ¡Menos lobos, caballero!  O sexo anal para todos o para ninguno.

    Higiene.
    Es primordial e importantísimo grabarse esto en la memoria: lo que entra en el ano, no va a ningún lado más.  Bueno, vale, si hay confianza podemos relamernos luego los dedos.  ¿Por qué no?  Pero jamás de los jamases meteremos nada en la vagina que haya pasado primero por el recto porque podríamos provocar una infección.
    Hasta los más partidarios del sexo anal deberán coincidir en que no es una zona limpia, hay gérmenes y, a veces, sorpresitas indiscretas.  Si se sabe de antemano que existe la posibilidad de jugar “sucio”, tanta ella como tú (ya he comentado lo de la igualdad de condiciones) deberéis limpiaros a conciencia, no sólo por fuera, también por dentro con ayuda de un dedo o, de forma más fulminante, con un enema.  El ano ha de ser el último protagonista, no el primero, así evitaremos la tentación de pasar luego por la vagina sin la obligada visita al baño para lavarnos a conciencia las manos y lo que sea.  Los juguetes también han de lavarse bien.  Preferentemente, destinaremos los juguetes anales sólo a ese uso o tomaremos la precaución de enfundarlos con un condón.
    Por último, si no estás preparado para reaccionar bien ante una “sorpresita” ¡¿qué carajo haces jugando al escondite donde no debes?!


 Próximo episodio: "Lo que jamás se debe hacer mientras se hace"

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