martes, 8 de octubre de 2013

Mademoiselle D'Artagnan y los Tres Mosqueteros (8)




Acabada la cena y con poca conversación del huraño anfitrión, decidió D’Artagnan dar por finalizado el día y marcharse presto al catre del buen Grimaud.  Ya sus ropas prestadas despojaba, ya su maltrecha camisa descansaba en el respaldo de la silla y su agotado cuerpo se hundía en el cálido colchón de lana, cuando un picorcito vino a sobresaltarla.  Primero en el hombro, cintura, piernas… y aún en el monte rizado.
    - ¡Pica! ¡Pica! - se revolvía la muchacha del derecho y del revés desmontando sábana y mantas.  Se levantó de golpe con los nervios en punta -. ¡Ah! ¡Esta ciudad me odia! - e iba el picor saltando de extremo a extremo y haciéndola bailar como alma que lleva el diablo -.  ¡Socorro!  ¡Grimaud!  ¡Mi señor!  ¡Ayudadme que enloquezco!
    - ¡Qué os pasa ahora, señora! - acudió presto el criado en ayuda.
    - ¡Lo que habita en tu cama me ha atacado a traición!
    - No culpéis a la pulga de querer darse un atracón, acostumbrada como está a la carne dura y vieja.  ¡Aigh, quien fuera pulga!
    - ¡Calla, bribón!  ¡Sácamela de encima o te muelo a palos!
    - El palo os lo daría yo si del poco uso no lo tuviera atrofiado -suspiró Grimaud-.  Pero, ea, que no se diga que este viejo no supo calmar los picores de una joven.  Decidme, señora ¿por dónde?
    - Aquí, detrás de la espalda… ¿la ves?  Pero rasca, hombre, no me dejes con las ganas.
    - Rasco, rasco.  
    - ¡Corre!  ¡Ataca el muslo! ¡Pero no hinques el diente so burro!
    - Por uno que me queda que no quede...
    - ¿Qué jaelo es éste? - monsieur Athos apareció por la puerta y los ojos como platos se le pusieron ante la escena: la bella desnuda y el desdentado amorrado a su pierna.
    - Llegan los refuerzos… - suspiró con poco alivio el viejo desdichado.
    - ¡Ah, gracias a Dios!  Tal vez entre los dos la agarréis - exclamó la pulgosa.
    - A Dios y la maldita providencia culpo de tan desatinada noche.  ¡Grimaud, a la cocina! - cabizbajo y arrastrando los pies obedeció el criado a su amo.  Athos cerró la puerta de golpe y casi se arrancó la casaca a la vez que la tiraba con violencia al suelo-.  A vos os agarro y os quito las ganas de jaleo.
    - ¡Oh! - se le cortó la respiración a la joven al ver desabrocharse el cinturón al mosquetero y blandirlo en el aire.

...

2 comentarios:

  1. Ja,ja, es que Athos quiere matar a la pornopulga con el cinturón o es que acaso quiere jugar un tanto rudo con la joven D’Artagnan?

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    1. Jajaja, al pobre Athos le fastidiaron la noche tranquila y sosegada que esperaba.

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